Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑PermÃtame aclararle ‑dijo secamente‑ que yo no me he creÃdo jamás un Mahoma ni un Napoleón, ni ningún otro personaje de este género, y que, en consecuencia, no puedo decirle lo que harÃa en el caso contrario.
‑Pues es raro, porque ¿quién no se cree hoy en Rusia un Mahoma o un Napoleón? ‑exclamó Porfirio, empleando de súbito un tono exageradamente familiar.
Incluso el acento que habÃa empleado para pronunciar estas palabras era singularmente explÃcito.
De súbito, Zamiotof preguntó desde su rincón:
‑¿No serÃa un futuro Napoleón el que mató a hachazos la semana pasada a Alena Ivanovna?
Raskolnikof seguÃa mirando a Porfirio Petrovitch con firme fijeza. No dijo nada. Rasumikhine habÃa fruncido las cejas. Desde hacÃa un momento sospechaba algo que le hizo mirar furiosamente a un lado y a otro. Hubo un minuto de penoso silencio. Raskolnikof se dispuso a marcharse.