Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Pues se trata… No sé cómo explicarme… Es una idea tan extraña… De tipo psicológico, ¿sabe… ? Verá. Yo creo que cuando estaba usted escribiendo su artÃculo tenÃa forzosamente que considerarse, por lo menos en cierto modo, como uno de esos hombres extraordinarios destinados a decir «palabras nuevas», en el sentido que usted ha dado a esta expresión… ¿No es asÃ?
‑Es muy posible ‑repuso desdeñosamente Raskolnikof.
Rasumikhine hizo un movimiento.
‑En ese caso, ¿serÃa usted capaz de decidirse, para salir de una situación económica apurada o para hacer un servicio a la humanidad, a dar el paso… , en fin, a matar para robar?
Y guiñó el ojo izquierdo, mientras sonreÃa en silencio, exactamente igual que antes.
‑Si estuviera decidido a dar un paso asÃ, tenga la seguridad de que no se lo dirÃa a usted ‑repuso Raskolnikof con retadora arrogancia.
‑Mi pregunta ha obedecido a una curiosidad puramente literaria. La he hecho con el único fin de comprender mejor el fondo de su artÃculo.
«¡Qué celada tan buena! ‑pensó Raskolnikof, asqueado‑. La malicia está cosida con hilo blanco.»