Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Ya se va usted? ‑exclamó Porfirio Petrovitch con extrema amabilidad y tendiendo la mano al joven‑. Estoy encantado de haberle conocido. En cuanto a su petición, puede estar tranquilo. Haga usted el requerimiento por escrito tal como le he indicado. Sin embargo, serÃa preferible que viniera a verme a la comisarÃa un dÃa de éstos… , mañana, por ejemplo. A las once estaré allÃ. Lo arreglaremos todo y hablaremos. Como usted fue uno de los últimos que visitó aquella casa ‑añadió en tono amistoso‑, tal vez pueda aclararnos algo.
‑Lo que usted pretende es interrogarme en toda regla, ¿no es as� ‑preguntó rudamente Raskolnikof.