Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No escupas tanto: el salivazo podrÃa caer sobre ti.
‑¡Para lo que se paga por las lecciones! ¡Unos cuantos kopeks! ¿Qué harÃa yo con eso?
SeguÃa hablando como a la fuerza y parecÃa responder a sus propios pensamientos.
‑Entonces, ¿pretendes ganar una fortuna de una vez?
Raskolnikof le dirigió una mirada extraña.
‑SÃ, una fortuna ‑respondió firmemente tras una pausa.
‑Bueno, bueno; no pongas esa cara tan terrible… ¿Y qué me dices del panecillo blanco? ¿Hay que ir a buscarlo, o no?
‑Haz lo que quieras.
‑¡Ah, se me olvidaba! Llegó una carta para ti cuando no estabas en casa.
‑¿Una carta para m� ¿De quién?
‑Eso no lo sé. Lo que sé es que le di al cartero tres kopeks. Espero que me los devolverás.
‑¡Tráela, por el amor de Dios! ¡Trae esa carta! ‑exclamó Raskolnikof, profundamente agitado‑. ¡Señor… ! ¡Señor… !