Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Por qué no? ‑exclamó Svidrigailof con una sonrisa.
Se levantó y cogió su sombrero.
‑¡Vaya! No quiero molestarle más. Cuando venÃa hacia aquà no tenÃa demasiadas esperanzas de… Sin embargo, su cara me habÃa impresionado esta mañana.
‑¿Dónde me ha visto usted esta mañana? ‑preguntó Raskolnikof con visible inquietud.
‑Le vi por pura casualidad. Sin duda, usted y yo tenemos algo en común… Pero no se agite. No me gusta importunar a nadie. He tenido cuestiones con los jugadores de ventaja y no he molestado jamás al prÃncipe Svirbey, gran personaje y pariente lejano mÃo. Incluso he escrito pensamientos sobre la Virgen de Rafael en el álbum de la señora Prilukof. He vivido siete años con Marfa Petrovna sin moverme de su hacienda… Y antaño pasé muchas noches en la casa Viasemsky, de la plaza del Mercado… Además, tal vez suba en el globo de Berg.
‑PermÃtame una pregunta. ¿Piensa usted emprender muy pronto su viaje?
‑¿Qué viaje?
‑El viaje de que me ha hablado usted hace un momento.