Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Sea como fuere, ahora todo ha cambiado. Y me voy; no quiero seguir siendo un obstáculo para que su hermano les transmita las proposiciones secretas de Arcadio Ivanovitch Svidrigailof. Sin duda, esto es importantÃsimo para ustedes, e incluso sumamente agradable.
‑¡Dios mÃo! ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna.
Rasumikhine hacÃa inauditos esfuerzos para permanecer en su silla.
‑¿No te da vergüenza soportar tanto insulto, Dunia? ‑preguntó Raskolnikof.
‑SÃ, Rodia; estoy avergonzada ‑y, pálida de ira, gritó a Lujine‑: ¡Salga de aquÃ, Piotr Petrovitch!
Lujine no esperaba ni remotamente semejante reacción. TenÃa demasiada confianza en sà mismo y contaba con la debilidad de sus vÃctimas. No podÃa dar crédito a sus oÃdos. Palideció y sus labios empezaron a temblar.
‑Le advierto, Avdotia Romanovna, que si me marcho en estas condiciones puede tener la seguridad de que no volveré. Reflexione. Yo mantengo siempre mi palabra.
‑¡Qué insolencia! ‑gritó Dunia, irritada‑. ¡Pero si yo no quiero volverle a ver!