Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Cómo se atreve a hablar asÃ? ‑exclamó Lujine, desconcertado, pues en ningún momento habÃa creÃdo en la posibilidad de una ruptura‑. Tenga usted en cuenta que yo podrÃa protestar.
‑¡Usted no tiene ningún derecho a hablar asÃ! ‑replicó vivamente Pulqueria Alejandrovna‑. ¿Contra qué va a protestar? ¿Y con qué atribuciones? ¿Cree usted que puedo poner a mi hija en manos de un hombre como usted? ¡Váyase y déjenos en paz! Hemos cometido la equivocación de aceptar una proposición que no ha resultado nada decorosa. De ningún modo debÃ…
‑No obstante, Pulqueria Alejandrovna ‑exclamó Lujine, exasperado‑, usted me ató con una promesa que ahora retira. Y, además… , además, nuestro compromiso me ha obligado a… , en fin, a hacer ciertos gastos.
Esta última queja era tan propia del carácter de Lujine, que Raskolnikof, pese a la cólera que le dominaba, no pudo contenerse y se echó a reÃr.
En cambio, a Pulqueria Alejandrovna la hirió profundamente el reproche de Lujine.