Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Gastos? ¿Qué gastos? ¿Se refiere usted, quizás, a la maleta que se encargó de enviar aqu� ¡Pero si consiguió usted que la transportaran gratuitamente! ¡Señor! ¡Pretender que nosotras le hemos atado! Mida bien sus palabras, Piotr Petrovitch. ¡Es usted el que nos ha tenido a su merced, atadas de pies y manos!
‑Basta, mamá, basta ‑dijo Dunia en tono suplicante‑. Piotr Petrovitch, tenga la bondad de marcharse.
‑Ya me voy ‑repuso Lujine, ciego de cólera‑. Pero permÃtame unas palabras, las últimas. Su madre parece haber olvidado que yo pedà la mano de usted cuando era el blanco de las murmuraciones de toda la comarca. Por usted desafié a la opinión pública y conseguà restablecer su reputación. Esto me hizo creer que podÃa contar con su agradecimiento. Pero ustedes me han abierto los ojos y ahora me doy cuenta de que tal vez fui un imprudente al despreciar a la opinión pública.
‑¡Este hombre se ha empeñado en que le rompan la cabeza! ‑exclamó Rasumikhine, levantándose de un salto y disponiéndose a castigar al insolente.
‑¡Es usted un hombre vil y malvado! ‑dijo Dunia.
‑¡Quieto! ‑exclamó Raskolnikof reteniendo a Rasumikhine.