Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Os confieso que no lo acabo de entender. Te ofrece diez mil rublos, y dice que no es rico. Afirma que está a punto de emprender un viaje, y al cabo de diez minutos se olvida de ello… De pronto me ha dicho que se quiere casar y que le buscan una novia… Sin duda, persigue algún fin, un fin indigno seguramente. Sin embargo, yo creo que no se habrÃa conducido tan ingenuamente si hubiera abrigado algún mal propósito contra ti… Yo, desde luego, he rechazado categóricamente ese dinero en nombre tuyo. En una palabra, ese hombre me ha producido una impresión extraña, e incluso me ha parecido que presentaba sÃntomas de locura… Pero acaso sea una falsa apreciación mÃa, o tal vez se trate de una simple ficción. La muerte de Marfa Petrovna debe de haberle trastornado profundamente.
‑¡Que Dios la tenga en la gloria! ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna‑. Siempre la tendré presente en mis oraciones. ¿Qué habrÃa sido de nosotras, Dunia, sin esos tres mil rublos? ¡Dios mÃo, no puedo menos de creer que el cielo nos los envÃa! Pues has de saber, Rodia, que todo el dinero que nos queda son tres rublos, y que pensábamos empeñar el reloj de Dunia para no pedirle dinero a él antes de que nos lo ofreciera.
Dunia parecÃa trastornada por la proposición de Svidrigailof. Estaba pensativa.