Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Yo, como es natural ‑dijo Pulqueria Alejandrovna‑, no entiendo nada de eso. Tal vez sea un buen negocio. Lo cierto es que el asunto me sorprende por lo inesperado. Respecto a nuestra marcha, sólo puedo decirle que nos vemos obligadas a permanecer aquà algún tiempo.
Y al decir esto último dirigió una mirada a Rodia.
‑¿Tú qué opinas? ‑preguntó Dunia a su hermano.
‑A mà me parece una excelente idea. Naturalmente, no puede improvisarse un gran negocio editorial, pero sà publicar algunos volúmenes de éxito seguro. Yo conozco una obra que indudablemente se venderÃa. En cuanto a la capacidad de Rasumikhine, podéis estar tranquilas, pues conoce bien el negocio… Además, tenéis tiempo de sobra para estudiar el asunto.
‑¡Hurra! ‑gritó Rasumikhine‑. Y ahora escuchen. En este mismo edificio hay un local independiente que pertenece al mismo propietario. Está amueblado, tiene tres habitaciones pequeñas y no es caro. Yo me encargaré de empeñarles el reloj mañana para que tengan dinero. Todo se arreglará. Lo importante es que puedan ustedes vivir los tres juntos. Asà tendrán a Rodia cerca de ustedes… Pero oye, ¿adónde vas?
‑¿Por qué te marchas, Rodia? ‑preguntó Pulqueria Alejandrovna con evidente inquietud.