Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Y en este momento! ‑le reprochó Rasumikhine.
Dunia miraba a su hermano con una sorpresa llena de desconfianza. Él, con la gorra en la mano, se disponÃa a marcharse.
‑¡Cualquiera dirÃa que nos vamos a separar para siempre! ‑exclamó en un tono extraño‑. No me enterréis tan pronto.
Y sonrió, pero ¡qué sonrisa aquélla!
‑Sin embargo ‑dijo distraÃdamente‑, ¡quién sabe si será la última vez que nos vemos!
HabÃa dicho esto contra su voluntad, como reflexionando en voz alta.
‑Pero ¿qué te pasa, Rodia? ‑preguntó ansiosamente su madre.
‑¿Dónde vas? ‑preguntó Dunia con voz extraña.
‑Me tengo que marchar ‑repuso.
Su voz era vacilante, pero su pálido rostro expresaba una resolución irrevocable.