Crimen y Castigo
Crimen y Castigo El pasillo estaba oscuro y ellos se habÃan detenido cerca de la lámpara. Se miraron en silencio. Rasumikhine se acordarÃa de este momento toda su vida. La mirada ardiente y fija de Raskolnikof parecÃa cada vez más penetrante, y Rasumikhine tenÃa la impresión de que le taladraba el alma. De súbito, el estudiante se estremeció. Algo extraño acababa de pasar entre ellos. Fue una idea que se deslizó furtivamente; una idea horrible, atroz y que los dos comprendieron… Rasumikhine se puso pálido como un muerto.
‑¿Comprendes ahora? ‑preguntó Raskolnikof con una mueca espantosa‑. Vuelve junto a ellas ‑añadió. Y dio media vuelta y se fue rápidamente.
No es fácil describir lo que ocurrió aquella noche en la habitación de Pulqueria Alejandrovna cuando regresó Rasumikhine; los esfuerzos del joven para calmar a las dos damas, las promesas que les hizo. Les dijo que Rodia estaba enfermo, que necesitaba reposo; les aseguró que volverÃan a verle y que él irÃa a visitarlas todos los dÃas; que Rodia sufrÃa mucho y no convenÃa irritarle; que él, Rasumikhine, llamarÃa a un gran médico, al mejor de todos; que se celebrarÃa una consulta… En fin, que, a partir de aquella noche, Rasumikhine fue para ellas un hijo y un hermano.