Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Claro, claro! ‑dijo Raskolnikof con voz entrecortada. Tanto en su acento como en la expresión de su rostro se había operado súbitamente un nuevo cambio.
Volvió a pasear su mirada por la habitación.
‑Tiene usted alquilada esta pieza a Kapernaumof, ¿verdad?
‑Sí.
‑Y ellos viven detrás de esa puerta, ¿no?
‑Sí; tienen una habitación parecida a ésta.
‑¿Sólo una para toda la familia?
‑Sí.
‑A mí, esta habitación me daría miedo ‑dijo Rodia con expresión sombría.
‑Los Kapernaumof son buenas personas, gente amable ‑dijo Sonia, dando muestras de no haber recobrado aún su presencia de ánimo‑. Y estos muebles, y todo lo que hay aquí, es de ellos. Son muy buenos. Los niños vienen a verme con frecuencia.
‑Son tartamudos, ¿verdad?