Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑He venido a hablarle de un asunto ‑dijo de súbito Raskolnikof con voz fuerte y enérgica. Seguidamente, velado el semblante por una repentina tristeza, se levantó y se acercó a Sonia. Ésta se volvió a mirarle y vio que su dura mirada expresaba una feroz resolución. El joven añadió‑: Hoy he abandonado a mi familia, a mi madre y a mi hermana. Ya no volveré al lado de ellas: la ruptura es definitiva.
‑¿Por qué ha hecho eso? ‑preguntó Sonia, estupefacta.
Su reciente encuentro con Pulqueria Alejandrovna y Dunia había dejado en ella una impresión imborrable aunque confusa, y la noticia de la ruptura la horrorizó.
‑Ahora no tengo a nadie más que a ti ‑dijo Raskolnikof‑. Vente conmigo. He venido por ti. Somos dos seres malditos. Vámonos juntos.
Sus ojos centelleaban.
«Tiene cara de loco», pensó Sonia.
‑¿Irnos? ¿Adónde? ‑preguntó aterrada, dando un paso atrás.
‑¡Yo qué sé! Yo sólo sé que los dos seguimos la misma ruta y que únicamente tenemos una meta.
Ella le miraba sin comprenderle. Ella sólo veía en él una cosa: que era infinitamente desgraciado.