Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Corrí hasta alcanzar a Mitri. Me dije que de este modo no se sospecharía de mí ‑respondió Nicolás al punto, como quien recita una lección bien aprendida.
‑La cosa está clara: repite una serie de palabras que ha estudiado ‑murmuró para sí el juez de instrucción.
En esto, su vista tropezó con Raskolnikof, de cuya presencia se había olvidado, tan profunda era la emoción que su escena con Nicolás le había producido.
Al ver a Raskolnikof volvió a la realidad y se turbó. Se fue hacia él, presuroso.
‑Rodion Romanovitch, amigo mío, perdóneme… Ya ve usted que… Usted no tiene nada que hacer aquí… Yo soy el primer sorprendido, como puede usted ver… Váyase, se lo ruego…
Y le cogió del brazo, indicándole la puerta.
‑Esto ha sido inesperado para usted, ¿verdad? ‑dijo Raskolnikof, que, dándose cuenta de todo, había cobrado ánimos.
‑Tampoco usted lo esperaba, amigo mío. Su mano tiembla.¡Je, je, je!
‑También usted está temblando, Porfirio Petrovitch.