Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Cómicas? ‑exclamó el juez de instrucción, que ya se disponÃa a volver a su despacho, pero que se habÃa detenido al oÃr la réplica de Raskolnikof.
‑SÃ. Ahà tiene usted a ese pobre Nicolás, al que habrá atormentado usted con sus métodos psicológicos hasta hacerle confesar. Sin duda, usted le repetÃa a todas horas y en todos los tonos: «Eres un asesino, eres un asesino.» Y ahora que ha confesado, empieza usted a torturarlo con esta otra canción: «Mientes; no eres un asesino, no has cometido ningún crimen; dices una lección aprendida de memoria.» Después de esto, usted no puede negar que sus funciones resultan a veces bastante cómicas.
‑¡Je, je, je! Ya veo que usted se ha dado cuenta de que he dicho a Nicolás que repetÃa palabras aprendidas de memoria.
‑¡Claro que me he dado cuenta!
‑¡Je, je! Es usted muy sutil. No se le escapa nada. Además, posee usted una perspicacia especial para captar los detalles cómicos. ¡Je, je! Me parece que era Gogol el escritor que se distinguÃa por esta misma aptitud.
‑SÃ, era Gogol.
‑¿Verdad que s� Bueno, hasta que tenga el gusto de volverle a ver.