Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Ha visto usted un imbécil semejante?
De pronto vio a Amalia Ivanovna y se detuvo.
‑¡Y tú también, salchichera, miserable prusiana! ¡Tú también crees que es una ladrona… ! ¿Cómo es posible? ¡Ella ‑dijo a Lujine‑ ha venido de tu habitación aquÃ, y de aquà no ha salido, granuja, más que granuja! ¡Todo el mundo ha visto que se ha sentado a la mesa y no se ha movido! ¡Se ha sentado al lado de Rodion Romanovitch… ! ¡RegÃstrenla! ¡Como no ha ido a ninguna parte, si ha cogido el billete ha de llevarlo encima… ! Busca, busca… Pero si no encuentras nada, amigo mÃo, tendrás que responder de tus injurias… ¡Iré a quejarme al emperador en persona, al zar misericordioso! Me arrojaré a sus pies, ¡y hoy mismo! Como soy huérfana, me dejarán entrar. ¿Crees que no me recibirá? Estás muy equivocado. Llegaré hasta él… Confiabas en la bondad y en la timidez de Sonia, ¿verdad? Seguro que contabas con eso. Pero yo no soy tÃmida y nos las vas a pagar. ¡Busca, regÃstrala! ¡Hala! ¿Qué esperas?
Catalina Ivanovna, ciega de rabia, sacudÃa a Lujine y lo arrastraba hacia Sonia.