Crimen y Castigo
Crimen y Castigo En este momento se alzaron rumores de todas partes. La concurrencia se agitaba.
‑¿Pero qué dice usted? ‑exclamó de pronto Catalina Ivanovna, saliendo de su estupor y arrojándose sobre Lujine‑. ¿Se atreve a acusarla de robo? ¡A ella, a Sonia! ¡Cobarde, canalla!
Se arrojó sobre Sonia y la rodeó con sus descarnados brazos.
‑¡Sonia! ¿Cómo has podido aceptar diez rublos de este hombre? ¡Qué infeliz eres! ¡Dámelos, dámelos en seguida… ! ¡Ahà los tiene!
Catalina Ivanovna se habÃa apoderado del billete, lo estrujó y se lo tiró a Lujine a la cara. El papel, hecho una bola, fue a dar contra un ojo de Piotr Petrovitch y después cayó al suelo. Amalia Ivanovna se apresuró a recogerlo. Lujine se indignó.
‑¡Cojan a esta loca!
En ese momento, varias personas aparecieron en el umbral, al lado de Lebeziatnikof. Entre ellas estaban las dos provincianas.
‑¿Loca? ¿Loca yo? ‑gritó Catalina Ivanovna‑. ¡Tú sà que eres un imbécil, un vil agente de negocios, un infame… ! ¡Sonia quitarle dinero! ¡Sonia una ladrona! ¡Antes te lo darÃa que quitártelo, idiota!
Lanzó una carcajada histérica y, yendo de inquilino en inquilino y señalando a Lujine, exclamaba: