Crimen y Castigo
Crimen y Castigo El rostro de Sonia tuvo una expresión de sufrimiento.
‑Le ruego que no me hable como ayer. No, se lo suplico. Ya he sufrido bastante.
Y se apresuró a sonreÃr, por temor a que este reproche hubiera herido a Raskolnikof.
‑He salido corriendo como una loca. ¿Qué ha pasado después? He estado a punto de volver, pero luego he pensado que usted vendrÃa y…
Raskolnikof le explicó que Amalia Ivanovna habÃa despedido a su familia y que Catalina Ivanovna se habÃa marchado en busca de justicia no sabÃa adónde.
‑¡Dios mÃo! ‑exclamó Sonia‑. ¡Vamos, vamos en seguida!
Y cogió apresuradamente el pañuelo de la cabeza.
‑¡Siempre lo mismo! ‑exclamó Raskolnikof, indignado‑. No piensa usted más que en ellos. Quédese un momento conmigo.
‑Pero Catalina Ivanovna…
‑Catalina Ivanovna no la olvidará: puede estar segura ‑dijo Raskolnikof, molesto‑. Como ha salido, vendrá aquÃ, y si no la encuentra, se arrepentirá usted de haberse marchado.
Sonia se sentó, presa de una perplejidad llena de inquietud. Raskolnikof guardó silencio, con la mirada fija en el suelo. ParecÃa reflexionar.