Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑CreÃa que me iba usted a repetir que no le hablara de estas cosas… ¿Qué? ‑preguntó tras una breve pausa‑. ¿Insiste usted en no abrir la boca? Sin embargo, necesitamos un tema de conversación. Por ejemplo, me gustarÃa saber cómo resolverÃa cierta cuestión… , como dirÃa Lebeziatnikof ‑añadió, notando que empezaba a perder la sangre frÃa‑. No, no hablo en broma. Supongamos, Sonia, que usted conoce por anticipado todos los proyectos de Lujine y sabe que estos proyectos sumirÃan definitivamente en el infortunio a Catalina Ivanovna, a sus hijos y, por añadidura, a usted… , y digo «por añadidura» porque a usted sólo se la puede considerar como cosa aparte. Y supongamos también que, a consecuencia de esto, Poletchka haya de verse obligada a llevar una vida como la que usted lleva. Pues bien, si en estas circunstancias estuviera en su mano hacer que Lujine pereciera, con lo que salvarÃa a Catalina Ivanovna y a su familia, o dejar que Lujine viviera y llevase a cabo sus infames propósitos, ¿qué partido tomarÃa usted? Ésta es la pregunta que quiero que me conteste.
Sonia le miró con inquietud. Aquellas palabras, pronunciadas en un tono vacilante, parecÃan ocultar una segunda intención.
‑Ya sabÃa yo que iba a hacerme una pregunta extraña ‑dijo la joven dirigiéndole una mirada penetrante.