Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No tengo ningún deseo de ir a presidio, Sonia.
Tras los primeros momentos de piedad dolorosa y apasionada hacia el desgraciado, la espantosa idea del asesinato reapareció en la mente de la joven. El tono en que Raskolnikof habÃa pronunciado sus últimas palabras le recordaron de pronto que estaba ante un asesino. Se quedó mirándole sobrecogida. No sabÃa aún cómo ni por qué aquel joven se habÃa convertido en un criminal. Estas preguntas surgieron de pronto en su imaginación, y las dudas le asaltaron de nuevo. ¿Él un asesino? ¡Imposible!
‑Pero ¿qué me pasa? ¿Dónde estoy? ‑exclamó profundamente sorprendida y como si le costara gran trabajo volver a la realidad‑. Pero ¿cómo es posible que un hombre como usted cometiera… ? Además, ¿por qué?
‑Para robar, Sonia ‑respondió Raskolnikof con cierto malestar.
Sonia se quedó estupefacta. De pronto, un grito escapó de sus labios.
‑¡Estabas hambriento! ¡QuerÃas ayudar a tu madre! ¿Verdad?
‑No, Sonia, no ‑balbuceó el joven, bajando y volviendo la cabeza‑. No estaba hambriento hasta ese extremo… Ciertamente, querÃa ayudar a mi madre, pero no fue eso todo… No me atormentes, Sonia.