Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Sonia se oprimÃa una mano con la otra.
‑Pero ¿es posible que todo esto sea real? ¡Y qué realidad, Dios mÃo! ¿Quién podrÃa creerlo? ¿Cómo se explica que usted se quede sin nada por socorrer a otros habiendo matado por robar… ?
De pronto le asaltó una duda.
‑¿Acaso ese dinero que dio usted a Catalina Ivanovna… , ese dinero, Señor, era… ?
‑No, Sonia ‑le interrumpió Raskolnikof‑, ese dinero no procedÃa de allÃ. TranquilÃzate. Me lo habÃa enviado mi madre por medio de un agente de negocios y lo recibà durante mi enfermedad, el dÃa mismo en que lo di… Rasumikhine es testigo, pues firmó el recibo en mi nombre… Ese dinero era mÃo y muy mÃo.
Sonia escuchaba con un gesto de perplejidad y haciendo grandes esfuerzos por comprender.
‑En cuanto al dinero de la vieja, ni siquiera sé si tenÃa dinero ‑dijo en voz baja, vacilando‑. Desaté de su cuello una bolsita de pelo de camello, que estaba llena, pero no miré lo que contenÃa… Sin duda no tuve tiempo… Los objetos: gemelos, cadenas, etc., los escondÃ, asà como la bolsa, debajo de una piedra en un gran patio que da a la avenida V***. Todo está allà todavÃa.
Sonia le escuchaba ávidamente.