Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No, Sonia, no es eso ‑dijo, levantando de súbito la cabeza, como si sus ideas hubiesen tomado un nuevo giro que le impresionaba y le reanimaba‑. No, no es eso. Lo que sucede… , sÃ, esto es… , lo que sucede es que soy orgulloso, envidioso, perverso, vil, rencoroso y… , para decirlo todo ya que he comenzado… , propenso a la locura. Acabo de decirte que tuve que dejar la universidad. Pues bien, a decir verdad, podÃa haber seguido en ella. Mi madre me habrÃa enviado el dinero de las matrÃculas y yo habrÃa podido ganar lo necesario para comer y vestirme. SÃ, lo habrÃa podido ganar. HabrÃa dado lecciones. Me las ofrecÃan a cincuenta kopeks. Asà lo hace Rasumikhine. Pero yo estaba exasperado y no acepté. SÃ, exasperado: ésta es la palabra. Me encerré en mi agujero como la araña en su rincón. Ya conoces mi tabuco, porque estuviste en él. Ya sabes, Sonia, que el alma y el pensamiento se ahogan en las habitaciones bajas y estrechas. ¡Cómo detestaba aquel cuartucho! Sin embargo, no querÃa salir de él. Pasaba dÃas enteros sin moverme, sin querer trabajar. Ni siquiera me preocupaba la comida. Estaba siempre acostado. Cuando Nastasia me traÃa algo, comÃa. De lo contrario, no me alimentaba. No pedÃa nada. Por las noches no tenÃa luz, y preferÃa permanecer en la oscuridad a ganar lo necesario para comprarme una bujÃa.