Crimen y Castigo
Crimen y Castigo »En vez de trabajar, vendà mis libros. TodavÃa hay un dedo de polvo en mi mesa, sobre mis cuadernos y mis papeles. PreferÃa pensar tendido en mi diván. Pensar siempre… Mis pensamientos eran muchos y muy extraños… Entonces empecé a imaginar… No, no fue asÃ. Tampoco ahora cuento las cosas como fueron… Entonces yo me preguntaba continuamente: "Ya que ves la estupidez de los demás, ¿por qué no buscas el modo de mostrarte más inteligente que ellos?" Más adelante, Sonia, comprendà que esperar a que todo el mundo fuera inteligente suponÃa una gran pérdida de tiempo. Y después me convencà de que este momento no llegarÃa nunca, que los hombres no podÃan cambiar, que no estaba en manos de nadie hacerlos de otro modo. Intentarlo habrÃa sido perder el tiempo. SÃ, todo esto es verdad. Es la ley humana. La ley, Sonia, y nada más. Y ahora sé que quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres; que el más osado es el que más razón tiene a los ojos ajenos; que quien desafÃa a los hombres y los desprecia conquista su respeto y llega a ser su legislador. Esto es lo que siempre se ha visto y lo que siempre se verá. Hay que estar ciego para no advertirlo.