Crimen y Castigo
Crimen y Castigo QuerÃa complacerla, pero de pronto, sin poderlo remediar, retiró la mano que habÃa tendido.
‑Más adelante, Sonia. Será mejor.
‑SÃ, será mejor ‑dijo ella, exaltada‑. Te la pondrás cuando empiece tu expiación. Entonces vendrás a mà y la colgaré en tu cuello. Rezaremos juntos y después nos pondremos en marcha.
En este momento sonaron tres golpes en la puerta.
‑¿Se puede pasar, Sonia Simonovna? ‑preguntó cortésmente una voz conocida.
Sonia corrió hacia la puerta, llena de inquietud. La abrió y la rubia cabeza de Lebeziatnikof apareció junto al marco.