Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Yo le dije: «¡Excelencia… !» ‑exclamó, deteniéndose después de cada palabra para tomar aliento‑. ¡Esa Amalia Ludwigovna… ! ¡Lena, Kolia, las manos en las caderas… ! Vivacidad, mucha vivacidad… Ligereza y elegancia… Un poco de taconeo… ¡A ver si lo hacéis con gracia… !
»Du hast Diamanten and Perlen.
»¿Qué viene después… ? ¡Ah, sÃ!
»Du hast die schonsten Augen… Madchen, was willst du meher?
»¡Qué falso es esto! Was willst du meher… ? Bueno, ¿qué más dijo el muy imbécil… ? Ya, ya recuerdo lo que sigue…
»En los mediodÃas ardientes de los llanos del Daghestan…
»¡Ah, cómo me gustaba, como me encantaba esta romanza, Poletchka! Me la cantaba tu padre antes de casarnos… ¡Qué tiempos aquellos… ! Esto es lo que debemos cantar… Pero ¿qué viene después… ? Lo he olvidado… Ayúdame a recordar…
La dominaba una profunda agitación. Intentaba incorporarse… De pronto, con voz ronca, entrecortada, siniestra, deteniéndose para respirar después de cada palabra, con una creciente expresión de inquietud en el rostro, volvió a cantar:
«En los mediodÃas ardientes de los llanos del Daghestan… , con una bala en el pecho… »