Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑De todo esto, del entierro y de lo demás, me encargo yo. Ya sabe usted que tengo más dinero del que necesito. Llevaré a Poletchka y sus hermanitos a un buen orfelinato y depositaré mil quinientos rublos para cada uno. Asà podrán llegar a la mayorÃa de edad sin que Sonia Simonovna tenga que preocuparse por su sostenimiento. En cuanto a ella, la retiraré de la prostitución, pues es una buena chica, ¿no le parece? Ya puede usted explicar a Avdotia Romanovna en qué gasto yo el dinero.
‑¿Qué persigue usted con su generosidad? ‑preguntó Raskolnikof.
‑¡Qué escéptico es usted! ‑exclamó Svidrigailof, echándose a reÃr‑. Ya le he dicho que no necesito el dinero que en esto voy a gastar. Usted no admite que yo pueda proceder por un simple impulso de humanidad. Al fin y al cabo, esa mujer no era un gusano ‑señalaba con el dedo el rincón donde reposaba la difunta‑ como cierta vieja usurera. ¿No serÃa preferible que, en vez de ella, hubiera muerto Lujine, ya que asà no podrÃa cometer más infamias? Sin mi ayuda, Poletchka seguirÃa el camino de su hermana…