Crimen y Castigo
Crimen y Castigo El rostro de Raskolnikof aparecÃa cada vez más sombrÃo. Porfirio pareció adivinar los pensamientos que lo agitaban.
‑He venido a darle una explicación, mi querido Rodion Romanovitch. Se la debo ‑dijo sonriendo y dándole una palmada en la rodilla.
Su semblante cobró de pronto una expresión seria y preocupada. Incluso pasó por él una sombra de tristeza, para gran asombro de Raskolnikof, que jamás habÃa visto en él nada semejante ni le creÃa capaz de tales sentimientos.
‑Hubo una escena extraña entre nosotros, Rodion Romanovitch, la última vez que nos vimos. Pero entonces… En fin, he aquà el asunto que me trae. He cometido errores con usted, bien lo sé. Ya recordará usted cómo nos separamos. Verdad es que los dos somos bastante nerviosos; pero no procedimos como personas bien educadas, aunque nuestros buenos modales son evidentes y me atreverÃa a decir que están por encima de todo. Estas cosas no se deben olvidar. ¿Recuerda usted hasta qué extremo llegamos? Rebasamos todos los lÃmites.
«¿Adónde querrá ir a parar?», se preguntaba Raskolnikof, asombrado y devorando a Porfirio con los ojos.