Diario de un escritor
Diario de un escritor Era nuestro mujik Maréi. No sé si ese nombre existe, pero todos lo llamaban Maréi. Era un hombre de unos cincuenta años, fornido, bastante alto, con una barba cerrada de color castaño oscuro entreverada de abundantes canas. Lo conocÃa, pero nunca habÃa tenido ocasión de hablar con él. Al oÃr mi grito, detuvo su jumento, y, cuando me acerqué corriendo y me agarré al arado con una mano y con la otra a su manga, se dio cuenta de que estaba aterrorizado.
—¡Que viene el lobo! —grité, jadeando.
Levantó la cabeza e instintivamente miró a su alrededor; por un instante estuvo a punto de creerme.
—¿Dónde está el lobo?
—He oÃdo un grito… Alguien acaba de gritar: «¡Que viene el lobo!» —balbucÃ.