Diario de un escritor
Diario de un escritor De todos es sabido que una mujer embarazada (y más aún cuando es primeriza) está sujeta con harta frecuencia a ciertas influencias e impresiones peregrinas, a las que su espíritu se somete de manera extraña e irracional. Esas influencias adoptan a veces —aunque, desde luego, en casos muy raros— formas extraordinarias, anormales, casi absurdas. Poco importa que esos sucesos (es decir, esas manifestaciones verdaderamente extraordinarias) se produzcan rara vez: en el presente caso la certidumbre de que suceden, o incluso de que pueden suceder, es más que suficiente para quienes tienen que decidir sobre la suerte de un ser humano. El doctor Nikitin, que reconoció a la acusada (después de cometido el delito), declaró que, según su opinión, Kornílova cometió su crimen conscientemente, aunque debían tenerse en cuenta su irritación y un posible arrebato pasional. Pero, en primer lugar, ¿qué significa la palabra «conscientemente» en este caso? Es raro que el hombre haga algo inconscientemente, a no ser que se encuentre en un estado de sonambulismo, demencia o delirium tremens. ¿Es que no reconoce la propia medicina que puede cometerse un acto con plena conciencia y al mismo tiempo no ser totalmente responsable? Fijaos en los locos, por ejemplo: la mayoría de sus actos insensatos los realizan con plena conciencia y los recuerdan; más aún, os proporcionan una descripción, los defienden y discuten con vosotros, a veces con tanta lógica que os quedáis sin argumentos. Cierto que no soy médico, pero recuerdo, por ejemplo, que, siendo yo niño, se contaba de una dama de Moscú que, cada vez que se quedaba embarazada, sentía un inusitado e irreprimible deseo de robar (siempre en periodos concretos de su embarazo). Robaba objetos y dinero a los conocidos a quienes iba a visitar y a los amigos que iban a verla, y hurtaba cuanto podía en las tiendas y comercios en los que entraba a comprar algo. Luego sus familiares restituían esos objetos robados a sus legítimos dueños. Y sin embargo, se trataba de una dama nada pobre, educada, perteneciente a la buena sociedad; una vez superados esos días de extraña pasión, la idea de robar ni siquiera se le pasaba por la cabeza. Todo el mundo, incluyendo los médicos, llegó entonces a la conclusión de que se trataba de un impulso pasajero relacionado con el embarazo. Sin embargo, ella era consciente de que robaba, se daba perfecta cuenta de lo que estaba haciendo. Conservaba la conciencia, pero no podía resistir la tentación. Hay que admitir que, hasta la fecha, la ciencia médica no ha podido decir nada definitivo sobre tales fenómenos; me refiero a su aspecto psíquico: ¿en virtud de qué leyes se verifican esas crisis en el alma humana, esos sometimientos e influencias, esos actos de locura sin locura, y cómo interviene en tales casos la conciencia, en qué consiste su papel? La posibilidad de influencias y sujeciones extraordinarias durante el embarazo parece indudable, y con eso basta… ¿Y qué importa, repito, que esas influencias particularmente insólitas se manifiesten tan rara vez? Para la conciencia de la persona que juzga es suficiente la consideración de que tales anomalías pueden producirse. Supongo que algunos dirán: no le dio por robar, como a esa dama, ni se inventó algo extraordinario, sino que actuó según un plan, es decir, simplemente trató de vengarse de su odiado marido asesinando a la hija que había tenido con su primera mujer, cuyo ejemplo siempre estaba mencionándole. Bueno, que digan lo que quieran: todo eso puede ser comprensible, pero en absoluto sencillo; puede que sea lógico, pero estaréis de acuerdo conmigo en que, de no haber estado embarazada, es posible que no hubiera actuado con esa lógica. Por ejemplo, podría haber sucedido lo siguiente: al quedarse sola con su hijastra, atormentada por su marido y enfadada con él, habría pensado, llena de amarga irritación: «Voy a tirar por la ventana a esa maldita niña, para que se entere»; lo habría pensado, pero no lo habría hecho. Habría sido culpable de pensamiento, pero no de obra. Pero al estar embarazada lo pensó y lo hizo. En uno y otro caso la lógica es la misma, aunque hay una gran diferencia.