Diario de un escritor
Diario de un escritor Hace poco tuve ocasión de hablar con uno de nuestros escritores[67] (gran artista) de la comicidad de la vida y de lo difÃcil que resulta definir un fenómeno, darle un nombre apropiado. Acababa de comentarle que, aunque conocÃa desde hacÃa casi cuarenta años La desgracia de tener ingenio[68], hasta ese último año no habÃa comprendido como es debido a uno de los personajes más llamativos de esa comedia, Molchalin, y eso después de que él, el escritor del que estoy hablando, me aclarara su verdadera dimensión, retratándolo en uno de sus ensayos cómicos[69]. (Me ocuparé de Molchalin en otra ocasión; es un tema que merece la pena.)
—¿Y sabe usted? —me dijo de pronto mi interlocutor, que parecÃa profundamente preocupado por esa idea desde hacÃa tiempo—. Cualquier cosa que escriba o retrate, cualquier detalle que introduzca en una obra de arte, nunca estará a la altura de la realidad. Ya puede usted representar lo que quiera: el resultado será siempre más débil que la realidad. Se figura usted que ha plasmado en su obra el aspecto más cómico de cierto fenómeno de la vida, que ha captado el lado más grotesco… ¡pues se equivoca! La realidad no tardará en mostrarle otro cariz de ese mismo fenómeno que usted ni siquiera habÃa sospechado y que va mucho más allá de todo lo que su imaginación y su poder de observación han sido capaces de crear…