Diario de un escritor
Diario de un escritor Como a mis cuestiones sobre la felicidad la naturaleza se limita a responderme, a través de mi conciencia, que sólo puedo ser feliz en armonía con el todo, que no comprendo y que, sin duda, jamás seré capaz de comprender.
Como la naturaleza no sólo no reconoce mi derecho a pedirle cuentas, sino que ni siquiera me responde, y no porque no quiera, sino porque no puede.
Como me he convencido de que la naturaleza, para responder a mis cuestiones, me ha asignado (inconscientemente) mi propio yo y me responde a través de mi conciencia (porque me estoy diciendo todas esas cosas a mí mismo).
Como, por último, dadas las circunstancias, debo asumir a la vez los papeles de demandante y demandado, de juez y parte, y encuentro toda esa farsa de la naturaleza totalmente absurda, considerando incluso humillante tener que soportarla.
En consecuencia, en mi indiscutible calidad de demandante y demandado, de juez y parte, condeno a esa naturaleza, que con tanta desconsideración y rudeza me ha traído al mundo para sufrir, a perecer conmigo… Y como no puedo aniquilar a la naturaleza, me aniquilo a mí mismo, llevado únicamente del hastío que me causa soportar una tiranía por la que no se puede culpar a nadie.
N. N.