Diario de un escritor
Diario de un escritor La idea del autor sobre el escaso alcance de la propaganda revolucionaria es sin duda atinada, aunque no está expresada con claridad; por el bien de la causa, podría haber definido con mucha mayor precisión bastantes cosas. Pero me gustaría señalar, en relación sólo con el círculo de Petrashevski, que el autor se equivoca cuando lo pone de ejemplo de la degradación del criminal político en comparación con los decembristas. Podría añadir que hace ya mucho tiempo que he oído esa idea de la «degradación»; se ha repetido más de una vez en la prensa, y ésa es la razón de que, habiéndome topado aquí con ella, haya decidido detenerme en su comentario. En mi opinión, la transformación radical del tipo del delincuente político data sólo de los últimos veinte años; los miembros del círculo de Petrashevski eran totalmente equiparables a los decembristas, al menos si nos fijamos en las características fundamentales que señala el propio autor del artículo. El autor dice que los decembristas procedían «de un medio social e intelectual superior». Pero ¿acaso puede decirse otra cosa de los miembros del círculo de Petrashevski? Es posible que entre los decembristas hubiera, en efecto, más personas ligadas a la sociedad más elevada y más rica; pero los decembristas eran incomparablemente más numerosos que los miembros del círculo de Petrashevski, entre quienes había también no pocos individuos relacionados o emparentados con la mejor sociedad, así como también personas muy ricas. Además, la alta sociedad no simpatizó lo más mínimo con el proyecto de los decembristas, en el que no participó ni siquiera de manera indirecta, de suerte que, en ese sentido, no podía atribuirles ningún significado especial. El tipo de los decembristas era mucho más militar que el de los seguidores de Petrashevski, entre quienes tampoco faltaban los militares. En suma, no sé dónde ve el autor las diferencias. Unos y otros pertenecían incuestionablemente a la misma sociedad de señores, por decirlo de alguna manera; así pues, en lo que respecta a ese rasgo característico del tipo del delincuente político de aquella época, no había ninguna diferencia entre los decembristas y los seguidores de Petrashevski. Si hubo entre los seguidores de Petrashevski algunos profesionales (muy pocos), fue en su condición de hombres instruidos, condición que también les habría abierto las puertas del grupo de los decembristas. Pero, hablando en general, los burgueses y los profesionales no podían ser muy numerosos ni entre los decembristas ni entre los seguidores de Petrashevski, aunque sólo sea porque en aquella época su presencia era bastante escasa. En lo que respecta a la pretendida superioridad intelectual de los decembristas sobre los seguidores de Petrashevski, el autor se equivoca de plano: la sociedad de los decembristas estaba compuesta por hombres incomparablemente menos instruidos que los miembros del círculo de Petrashevski. Estos últimos eran, en su mayoría, personas que habían estudiado en los más prestigiosos centros educativos: universidades, el Liceo Alejandro, la Escuela de Jurisprudencia y otros establecimientos de enseñanza superior. Había entre ellos no pocos profesores y especialistas científicos. Más tarde, cuando fueron indultados, muchos de ellos alcanzaron gran notoriedad; si se considera el círculo de Petrashevski en su conjunto, es decir, no sólo los deportados a Siberia, sino también los que sufrieron su castigo en diversas fortalezas de Rusia o en el Cáucaso, los que fueron adscritos al servicio en ciudades remotas o, en fin, los que simplemente quedaron bajo vigilancia, salta a la vista cuántos de ellos se labraron con posterioridad un nombre como sabios, profesores, naturalistas, secretarios de sociedades científicas, autores de notables obras eruditas, directores de revistas, escritores y poetas de renombre y, en general, personas valiosas e instruidas. Lo repito, desde el punto de vista del nivel de formación, los seguidores de Petrashevski representaban un tipo superior a los decembristas.