Diario de un escritor

Diario de un escritor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y así, al poco tiempo, descubrí la verdad. La descubrí el pasado mes de noviembre, el 3 de noviembre, para ser más exactos; a partir de esa fecha puedo recordar cada instante de mi existencia. Era una noche sombría, la más sombría que pueda imaginarse. Me dirigía a casa, pasadas ya las diez, y recuerdo que iba pensando en que no era posible concebir ambiente más sombrío que aquél. Ni siquiera en sentido físico. Había estado lloviendo todo el día, una lluvia fría y lóbrega a más no poder, una lluvia incluso amenazante, me acuerdo muy bien, con una manifiesta hostilidad por los hombres; luego, de pronto, a eso de las once, cesó, y empezó a percibirse una terrible humedad, más húmeda y fría que la misma lluvia; y, si uno clavaba la mirada en la lejanía, creía percibir una especie de vapor levantándose de todo, de cada piedra del pavimento, de cada callejón. De pronto me dije que si se apagaran todas las luces de gas, se sentiría uno mejor, pues esas luces, al iluminar todo eso, llenaban de tristeza el corazón. Ese día casi no había probado bocado; desde primeras horas de la tarde había estado en casa de un ingeniero, al que acompañaban dos amigos. Apenas había abierto la boca, así que es de suponer que mi presencia les aburriese. Estaban hablando de no sé qué asunto controvertido y de pronto se acaloraron. Pero yo me daba cuenta de que todo aquello les daba lo mismo y de que sólo se acaloraban para guardar las formas. De pronto les dije lo siguiente: «Pero, señores, todo eso les da lo mismo». Ellos no se ofendieron, pero se rieron de mí. Sólo porque no les había dicho aquello en son de reproche, sino simplemente porque me daba igual. Se dieron cuenta de que todo me daba igual, y eso les hizo gracia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker