Diario de un escritor
Diario de un escritor Todo eso lo prueba de forma brillante una hora después de haber adquirido esa nueva fe; trata de demostrar que el pueblo ruso no siente lo que pueden sentir todos los hombres; destruye el alma del pueblo de la manera más arbitraria; y, por si eso fuera poco, declara que él no siente ninguna compasión por el sufrimiento humano. Afirma que «no hay ni puede haber un sentimiento espontáneo a favor de los eslavos oprimidos», es decir, no sólo en él, sino en ningún ruso: «Yo también soy pueblo». En muy poca estima tiene al pueblo ruso. Y ese desdén, por lo demás, viene de antaño. Apenas ha pasado una hora desde la adquisición de la nueva fe y ya estamos otra vez cociendo frambuesas al calor de una vela.