Diario de un escritor
Diario de un escritor Preguntaos a vosotros mismos: ¿no os ha sucedido lo mismo acaso un centenar de veces a lo largo de vuestra vida? Os encapricháis de algún sueño, idea, teoría o convicción, os choca algún hecho externo o, en fin, os hechiza una mujer. Aspiráis al objeto de vuestro amor con todas las fuerzas de vuestra alma. En verdad, por muy ciegos que estéis, por mucho que os engañe vuestro corazón, si hay en ese objeto de vuestro amor una mentira, una alucinación, algo que habéis exagerado y distorsionado llevados de vuestra pasión y de vuestro impulso inicial —únicamente para convertirlo en vuestro ídolo y adorarlo—, no cabe duda de que sois conscientes de ello en lo más profundo de vuestro ser; la duda os atosiga, atormenta vuestro espíritu, se insinúa a cada momento y os impide vivir tranquilos con vuestro adorado sueño. Pues bien, ¿no os acordáis, no os confesáis siquiera a vosotros mismos cómo de pronto conseguisteis tranquilizaros? ¿No es verdad que inventasteis un nuevo sueño, una nueva mentira, quizá incluso terriblemente tosca, pero en la que os apresurasteis a creer de buena gana, por la única razón de que disipaba vuestra duda primigenia?