Diario de un escritor
Diario de un escritor No obstante, el proceso se desarrolló de la manera más normal (por mucho que se haya dicho al respecto) y finalmente los miembros del jurado dictaron un veredicto condenatorio casi inevitable, en el que a Hartung se le declaró «culpable de malversación». El tribunal se retiró a deliberar, pero el general Hartung no quiso aguardar a conocer el fallo: pasó a otra habitación, según dicen, se sentó a la mesa y se cogió la desdichada cabeza con ambas manos; luego, de pronto, sonó un disparo: se había dado muerte, alojándose una bala en el corazón con un revólver que había cargado previamente. Encontraron una nota, redactada también con antelación, en la que juraba ante Dios todopoderoso que no había sustraído nada y perdonaba a sus enemigos. Así pues, murió convencido de su inocencia y caballerosidad.