Diario de un escritor

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A eso responderé lo siguiente: en primer lugar, puede discutirse ese argumento de que «si lo sabía y guardó silencio también él robo»; en segundo, hay de todos modos una diferencia indiscutible; y en tercero, el general Hartung pudo escribir en sentido meramente literal, como diciendo: «Yo, personalmente, no robé nada ni tuve intención de robar; otros lo hicieron contra mi voluntad. Sólo soy culpable de debilidad, no de fraude, porque no tuve intención de robar nada a nadie y hasta me opuse a esa idea. Fueron otros quienes lo hicieron…». Pudo escribir en ese sentido sus palabras fatales, pero al mismo tiempo, honrado y noble como era, no podía admitir de ninguna manera que «si había permitido que otros robaran era como si él mismo hubiera robado». Iba a comparecer delante de Dios y sabía que no había tenido intención de robar ni de permitir que otros robaran, aunque había habido robo. Fijaos, además, en que no podía explicar de manera más detallada las palabras de esa nota; es decir, confesar que era culpable de debilidad, pero no de robo, etc. Tampoco podía, como caballero que era, denunciar a nadie, sobre todo en ese instante tan solemne en que «perdonaba a sus enemigos».





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