El diario de Raskolnikov
El diario de Raskolnikov —Entonces. ¿es un periodista?
—¡Oh señor capitán, si viera usted qué hombre más grosero! ¡Hacer una cosa asÃ, en el suelo, en una casa honrada y en presencia de las señoras!
—Bueno, no te vayas de la lengua, no sigas adelante, que ya te daré yo a ti casa decente. Bueno, vieja, está bien —dijo después, en tono más suave—. Ya te he advertido tres veces: como vuelva a tener noticias de otro escándalo, te pongo a la sombra, como suele decirse, mi honorable Luisa Ivánovna. ¿Conque fue un literato, un escritor el que se hizo pagar doce rublos por el faldón del frac?
—Iliá Petróvich —volvió a sonar, aplacadora, la voz del i efe.
El teniente me lanzó una rápida ojeada. El jefe movió, pensativo, la cabeza.