El diario de Raskolnikov
El diario de Raskolnikov Los señores iban ya borrachos, y pidieron tres botellas de champaña. Luego fue uno de ellos y puso los pies sobre el piano, lo que no está bien en una casa decente. Me estropeó completamente el piano... ¡y ésos no son modales! Yo le hice notar que aquello no estaba bien, y él me replicó que de esa manera solía dar conciertos de piano ante el público. Luego cogió una botella y quiso tirársela a la espalda de una de las señoras. Y a mí me dio una bofetada con toda su fuerza. Entonces fui yo y requerí el auxilio de Karl, el portero...; pero el caballero referido le puso a Karl un ojo pocho y otro ojo pocho a Henriette. También a mí me volvió a dar otras tres bofetadas. Ésa no es manera de conducirse, bien lo sabe Dios, en una casa decente, señor capitán. Yo me quejé a él amargamente y con lágrimas en los ojos, señor capitán, pero él abrió la ventana y se puso a hacer el marrano asomado a la calle. ¡Cómo es posible propasarse a tanto! ¡Semejante conducta ni se les puede tolerar a las visitas! Nunca yo, y soy la dueña de la casa, me he permitido ponerme a remedar al cerdo. Karl fue entonces y le tiró de un faldón del frac, para retirarlo de la ventana, y entonces fue, se lo aseguro a usted, señor capitán, cuando se lo rompió. Él empezó en seguida a chillar y a reclamar quince rublos en concepto de indemnización. Señor capitán, yo le di doce rublos...; pero mire usted qué desagradecido, señor capitán. ¿Qué dirá usted que hizo? Pues se guardó el dinero y luego, en medio de la sala y delante de todas las señoras, se puso a hacer aguas. «Ésta es mi ocupación favorita —dijo—. Además, escribiré una sátira contra usted y la publicaré en los periódicos, pues yo me meto en ellos con todo el mundo.»