El diario de Raskolnikov
El diario de Raskolnikov Asà quedé más tranquilo. Cogà un cuchillo y corté los bordes. En ningún otro sitio pude descubrir más manchas de sangre. De pronto, se me ocurrió la idea de que aún conservaba en mis bolsillos el portamonedas y los demás objetos que cogiera del arca de la vieja; ni siquiera habÃa pensado en sacarlos y esconderlos. Me vacié aprisa los bolsillos y lo volqué todo sobre la mesa. Un raro sentimiento sobrecogióme a la vista de esos objetos. ¡Si me los hubieran encontrado encima!
Por lo demás, habÃa perdido yo toda lucidez de conciencia; en mi cabeza todo giraba. Luego que me hube vaciado y hasta vuelto del revés los bolsillos, para convencerme bien de que nada quedaba en ellos, fui y lo llevé todo a un rincón del cuarto, donde a prevención tenÃa preparado un escondrijo. Allà estaba un tanto despegado el papel de las paredes, y yo procedà a meter las cosas dentro del agujero.
QuerÃa despachar aquello en seguida, pues la vista del rimero de objetos me producÃa inquietud.
