El doble
El doble Nuestro héroe no se movió durante un minuto; después, con precaución, timidez y lentitud, abrió ambos ojos. ¡No! Nada había cambiado. Todo estaba igual que antes. «¡Entonces no es un sueño! –exclamó el señor Goliadkin–. ¡Entonces, en efecto, de verdad, en realidad, he dormido hasta el mediodía! Pero ¿dónde estará Petrushka?», continuó en un susurro, presa de una gran agitación y sintiendo un temblor bastante fuerte en todos sus miembros… De pronto, un pensamiento surcó su cabeza. El señor Goliadkin se abalanzó sobre su escritorio, lo examinó, rebuscó… Así era: su carta de ayer a Vajraméiev no estaba… Petrushka tampoco estaba ahora tras el tabique; el reloj marcaba la una, y en la carta de ayer de Vajraméiev había algunos puntos nuevos, puntos que, por lo demás, resultaban a primera vista bastante confusos, pero que ahora quedaban del todo aclarados, puntos que atañían a la persona y al apellido del señor Goliadkin… Por último, Petrushka también, aunque borracho (y, por tanto, en su derecho, por lo que no había motivos para hacerlo responsable), le había comunicado ayer mismo que había gente que no vivía con dobleces, sino con honradez… ¡Entonces todo sucedió así! La alusión era clara, las artimañas de los enemigos habían sido descubiertas y el juego estaba a punto de comenzar; el juego por tanto ahora se hacía manifiesto… Ahora estaba claro que estaban socavando la raíz misma de su prosperidad; estaba claro que estaban sobornando, husmeando, embrujando, adivinando, espiando; que, por último, querían la ruina definitiva del señor Goliadkin; quizá ya habían elegido el día… Quizá ya habían elegido la hora… Entonces Petrushka había sido comprado y también se había pasado ahora a sus filas. ¡Entonces eso es lo que había ocurrido! ¡Entonces este era el cariz que empezaban ahora a tomar las cosas!… Si no, ¿cómo podía explicarse la desaparición de Petrushka, su extraña conducta de ayer, la carta de Vajraméiev con sus puntos acusatorios, la sequedad y severidad con que lo habían tratado sus superiores y, por último, la desaparición de la carta y el hecho de que él había dormido hasta el mediodía? ¿Cómo explicarlo si no por la presencia, si no por la malintencionada participación de una persona nueva e indecente en todas sus adversidades, si no por las artimañas ocultas y subterráneas de esa persona para causarle toda suerte de daño?… Y el señor Goliadkin sabía cómo era esa persona, sabía cómo era ese nuevo individuo que se había entrometido y sabía por qué se había entrometido. Se había entrometido porque todo comenzó en el puente Izmáilovski. «Y eso es suficiente para entender el resto –pensó–. Pero ¡si el asunto estaba claro! ¿Cómo es posible que hasta ayer mismo no se me hubiera ocurrido una idea tan sencilla? ¿Cómo no caí en la cuenta desde un primer momento? Porque así comenzó todo; y, aunque no sea más que un comadreo, aunque no sea más que una invención de viejas chismosas, una invención de ciertas viejas que se han confabulado con ciertas personas para confundir a la gente, para acabar definitivamente con una persona en sentido moral, ¡todo sucedió exactamente así! ¡Conque ahí está el nudo del asunto! –exclamó el señor Goliadkin, dándose un golpe en la frente y abriendo cada vez más los ojos–. ¡Conque es en el nido de esa avarienta alemana donde se oculta ahora toda esa fuerza maligna! ¡Eso significa que lo de enviarme al puente Izmáilovski no fue más que una maniobra estratégica de diversión por parte de ella! Distrajo mi atención, envenenó mi paz, me confundió (¡bruja maldita!) y así fue como me socavó el terreno! ¡Sí, así es! Si miramos el asunto desde este ángulo, ¡todo sucedió exactamente así! ¡Sin duda debió suceder así! Ahora también queda del todo aclarada la aparición de ese miserable: todo está conectado. Ya hacía tiempo que lo tenían en reserva y preparado, se lo guardaban para los días malos. Él es el fermento de toda esta indecente intriga y fue creado por ellos para ayudarlos a alcanzar su principal y malintencionado objetivo. ¡Conque así era todo! ¡Conque así resultaba ser! ¡Conque esa era la clave! ¡Eso significa que ahora caerá la máscara, que todo quedará al descubierto! Eso significa que el descaro, la perversión y el desenfreno no se avergüenzan ahora de su desnudez y se deciden, a plena luz del día, a marchar a cara descubierta y con la frente alta… Pero ¡ahí es precisamente donde se llevarán el chasco; ahí es donde morderán el polvo! –gritó nuestro héroe, recordando, pese a su difícil situación, que la inocencia es fuerte ya por su sola inocencia–. ¡Es admirable cómo metí la pata ayer y no advertí nada! ¡Bueno, da igual! Aún no se ha perdido tiempo. ¡Gracias a Dios ha pasado muy poco tiempo, apenas si he perdido algo de él!…» Ahí el señor Goliadkin recordó con horror que era más de la una. «Y ¿qué si ya han tenido tiempo…?» Un gemido escapó de su pecho. «Pero no, mienten, no han tenido tiempo… Ya veremos… Ahora iremos y veremos, hablaré sin rodeos… y veremos…», murmuró sin entender demasiado lo que decía, confuso, palideciendo y temblando de angustia y agitación. Por último, nuestro héroe empezó a vestirse lo más rápido posible…