El doble
El doble Presa de una gran agitación, con angustia y turbación, sintiendo que no podía quedarse así, que había llegado el momento decisivo, que tenía que explicarse con alguien, nuestro héroe quiso arrimarse un poquito al lugar donde se hallaba su indigno y misterioso enemigo, pero, en ese instante, retumbó en la entrada el carruaje largamente esperado de su excelencia. Fedoseich dio un tirón a la puerta y, doblándose casi hasta el suelo, dejó pasar a su excelencia. Todos los que habían estado aguardando se precipitaron hacia la salida y separaron por un momento al señor Goliadkin mayor del señor Goliadkin menor.
–¡No escaparás! –dijo nuestro héroe abriéndose paso entre el gentío y sin apartar los ojos de quien debía. Finalmente, la multitud se dispersó. Nuestro héroe se sintió en libertad y se lanzó en persecución de su enemigo.