El doble
El doble «¡Mira lo excitado que está! –pensó nuestro héroe–. ¡Parece un favorito el muy embustero! Quisiera saber por qué destaca en la alta sociedad. No tiene inteligencia, ni carácter, ni educación, ni sentimiento. ¡Tiene suerte el canalla! ¡Dios mÃo! ¡Pensar lo rápido que puede ir un hombre y ganarse la simpatÃa de todos! Y ¡llegará lejos, juro que llegará lejos el muy canalla! ¡Tiene suerte el cretino! Quisiera saber también qué es exactamente lo que les susurra al oÃdo. ¿Qué secretos tiene con toda esta gente y qué confidencias pueden decirse? ¡Dios mÃo! Si yo también pudiera… hablar un poco con ellos… decirles que esto y lo otro… quizá deba pedirle a él… decirle que esto y lo otro, que no lo haré más, que bueno, yo tengo la culpa, y que un joven, su excelencia, debe trabajar en nuestros tiempos, que por mi oscura situación no me hago mala sangre… ¡Eso es! En cuanto a protestar de alguna manera, no lo haré, y sobrellevaré todo con paciencia y resignación… ¡Eso es! ¿Acaso deba obrar asÃ?… Pero nada afecta al muy canalla, con palabras no le entras; no hay manera de hacer entrar en razón al calavera… Pero, de todas formas, probemos. Si se presenta la ocasión, probemos…»