El doble
El doble Todo eso lo dijo el señor Goliadkin menor, haciendo asà una alusión completamente inútil, pero maligna y astuta, a cierto individuo de sexo femenino, mientras hacÃa gracias cerca del señor Goliadkin y le sonreÃa fingiendo amabilidad, mostrando falsamente, de esa manera, cordialidad y alegrÃa por el encuentro. Pero, al advertir que el señor Goliadkin mayor no era en absoluto tan tonto, ni estaba tan privado de educación y de buenos modales como para que le creyese sin más, el innoble hombre decidió cambiar de táctica y llevar el asunto con franqueza. Tras haberse expresado de manera tan vil, el falso señor Goliadkin acabó por dar una palmada en el hombro al adusto señor Goliadkin con una familiaridad y un descaro que sublevaban el alma; no contento con ello, se puso a juguetear con él de un modo completamente indecente entre la gente de buen tono y se dispuso a repetir exactamente su anterior vileza, es decir, dar un pellizco en la mejilla al señor Goliadkin mayor, a pesar de la resistencia y los ligeros gritos de indignación de este. A la vista de tanta depravación, nuestro héroe se encolerizó y guardó silencio… hasta que llegara el momento, por cierto.