El doble
El doble –Pues ¡sÃ, señor, ya lo sé! Ya se sabe, señor, que es bueno estar con una buena persona. Son muchas las cosas que pueden suceder, señor; todo depende de con quién vayas a parar… Las personas como nosotros, por supuesto, y usted mismo lo sabe, se ganan el pan donde están mejor. Asà es. ¿Yo qué puedo hacer? Ya se sabe, señor, que sin una buena persona es imposible. Dicen: «¿Qué haces allÃ, buen hombre? No tienes nada que hacer allà en su casa, buen hombre». Eso dicen. Y asà son las cosas, en fin… No seré el primero ni seré el último; y las personas como nosotros encontramos un sitio en todas partes… Ya se sabe, señor.
–Bueno, está bien, hermano, está bien; lo comprendo, amigo, lo comprendo… Bueno, aquà tienes el dinero y la recomendación. Ahora besémonos, hermano, y despidámonos… Bueno, ahora, querido, quiero pedirte un favor, el último –dijo el señor Goliadkin con tono solemne–. Ya ves, querido, asà son las cosas. Todo puede pasar en esta vida. La desgracia, amigo, se oculta hasta en los palacios cubiertos de oro, y no hay forma de escapar de ella. Tú sabes, amigo, que yo, creo, siempre he sido amable contigo…
Petrushka callaba.
–Yo, creo, siempre he sido amable contigo, querido… Pues bien, ¿cuánta ropa me queda, querido?