El doble
El doble –Pues todo está ahí, señor. Seis camisas de lienzo, tres pares de medias, cuatro pecheras, una chaqueta de franela y dos juegos de ropa interior. Usted ya lo sabe. Yo, señor, no he tocado nada de lo suyo… Yo, señor, cuido los bienes del señor. Yo, señor, a usted, en fin… ya lo sabe… no tengo ningún pecado… nunca, señor; usted mismo lo sabe, señor…
–Te creo, amigo, te creo. No me refiero a eso, amigo, no me refiero a eso. Pues mira, se trata de esto, amigo…
–Ya lo sé, señor, eso ya lo sé. A mí, cuando todavía vivía en casa del general Stolbniakov, me dejaban sin más y ellos se iban a Sarátov… a la finca que tenían allí…
–No, amigo, no me refiero a eso. No digo nada… No pienses cualquier cosa, querido amigo…
–Ya lo sé, señor. Es que a gente como nosotros, usted mismo lo sabe, señor, se la puede calumniar sin más. Y conmigo todos han quedado contentos. Ha habido ministros, generales, senadores, condes. He estado en casa de todos: del príncipe Svinchatkin, del coronel Pereborkin, del general Nedobárov; y ellos también nos visitaban, venían a la finca de mi señor. Ya se sabe…