El doble
El doble –Y bueno, seré un perverso… –respondió al digno señor Goliadkin su indigno enemigo, y, fiel a su inherente vileza, miró desde lo alto de la escalera, directamente y sin pestañear, a los ojos del señor Goliadkin, como incitándole a que continuara. Nuestro héroe escupió de indignación y salió corriendo hacia el porche. Cuando llegó, estaba tan aniquilado que no comprendÃa quién ni cómo lo habÃa sentado en el coche. Al volver en sÃ, vio que lo llevaban por el Fontanka. «¿Quiere decir que vamos al puente Izmáilovski?», pensó el señor Goliadkin… Entonces el señor Goliadkin quiso reflexionar sobre algo más, pero no pudo; era algo tan horrible que resultaba imposible de explicar… «¡Bueno, qué más da!», concluyó nuestro héroe, y se dirigió al puente Izmáilovski.