El doble
El doble –Dijo eso, Krestián Ivánovich, dijo eso, y ahí mismo echó una mirada a Andréi Filíppovich, tío de nuestra cosita Vladímir Semiónovich. Pero ¿a mí qué me importa, Krestián Ivánovich, que lo hayan nombrado asesor? ¿Yo qué tengo que ver? Y encima quiere casarse cuando todavía, con permiso sea dicho, tiene fresca la leche en los labios. Y así se lo dije. «¡Ahí tiene usted, Vladímir Semiónovich!» Ahora ya lo he dicho todo, permítame retirarme.
–Hum…
–Sí, Krestián Ivánovich, le digo que ahora me permita retirarme. Y ahí mismo, para matar dos pájaros de un tiro, después de abatir al joven con lo del favoritismo, me dirijo a Klara Olsúfievna (esto ocurrió anteayer en casa de su padre, Olsufi Ivánovich), que acababa de cantar una romanza sentimental, y le digo: «Usted se ha dignado cantar con mucho sentimiento unas romanzas, pero los que la escuchan no lo hacen con el corazón limpio». Y con ello insinúo claramente, vea usted, Krestián Ivánovich, insinúo claramente que ahora le andan atrás por interés…
–¿Ah! Pero ¿y él qué hizo?
–Puso una cara como si hubiera mordido un limón, como dice el refrán, Krestián Ivánovich.
–Hum…