El doble
El doble –Asà es, Krestián Ivánovich. Y al viejo también le digo: «Olsufi Ivánovich, sé cuánto le debo, doy el justo valor a todos los favores con los que me ha colmado casi desde la infancia. Pero abra los ojos, Olsufi Ivánovich. Mire. Yo actúo con franqueza y sin trampas, Olsufi Ivánovich».
–¡Ah! Pues ¡asà son las cosas!
–SÃ, Krestián Ivánovich. Asà son las cosas…
–Y ¿él qué dijo?
–Y ¿qué iba a decir, Krestián Ivánovich? Masculló algo, que esto y que lo otro, que ya te conozco, que su excelencia es un bienhechor; se largó a hablar y le dio largas al asunto… ¿Qué más se podÃa esperar? Como suele decirse, está un poco tocado por la vejez.
–¡Ah! ¡Conque asà están las cosas!
–SÃ, Krestián Ivánovich. ¡Asà andamos! ¡Está hecho un vejestorio! Tiene un pie en el cajón, está en las últimas, como suele decirse; pero, en cuanto las mujeres empiezan con sus cotilleos, él pega la oreja; no pueden hacerlo en su ausencia…
–¿Cotilleos, dice?
–SÃ, Krestián Ivánovich, andan cotilleando. Ahà tienen parte nuestro oso y su sobrino, nuestra cosita; se juntaron con las viejas, por supuesto, y pergeñaron el asunto. ¿Qué cree usted? ¿Qué cree usted que inventaron para matar a un hombre?…
–¿Para matar a un hombre?